miércoles, 10 de diciembre de 2008

DON JUAN.



Es uno de los grandes vividores del siglo XX. Sibarita, orgulloso, diplomático de carrera y buen escritor. Recorrió Europa y amó a España. En cada una de sus novelas hay ironías, encantamientos y mucho escepticismo. Conoció a bellas mujeres y se perdió en salones y mancebías. Leo poemas de Paul Morand- editados hace algún tiempo por la maravillosa editorial granadina "Comares", en su colección "La Veleta"-, raros y revolucionarios en alguien que fue un conservador.

" Se dirige al Club Conservador.
Lleva zapatos grises de caña,
barba de cacique, sombrero cordobés,
ojos de antracita con marcadas bolsas.
Gracias a mulas que vendió al ejército americano,
( las cojas desfilando en medio del rebaño)
tiene billetes de a mil incluso en su bolsillo.
La estatua del Comendador que estaba en el cementerio
pertenece al mayor de los Seligmann Brothers.
Junto al Palacio del Duque de Montpensier
la medianoche huele a azahar.
La cera de las procesiones que hay sobre el pavimento
a menudo hace resbalar y caer a las mulas.
El chófer tiene orden de evitar
el Guadalquivir y su humedad
porque Don Juan tiene la próstata fastidiada.
Mientras tanto una gorda señora en kimono,
un diente de leche engarzado en el anillo del índice,
le invita a subir.
En un banco, unas religiosas arrepentidas
se ofrecen para limpiarle el calzado con sus cabellos "

Paul Morand (1888-1976) (Versión de Christine del Castillo)

2 comentarios:

ana dijo...

Estoy segura de que, de haber vivido esa época, hubieras sido Don Juan

Lu Serrate dijo...

Al igual que Don Juan, mujeres no te faltan y sabes recitar sonetos y acariciar con las palabras...
Un beso,